Un año más llegó el Amstel Música en Grande a Santander. En esta edición la noche del rock estaba destinada a Mägo de Oz y, sobre todo, a Los Suaves. La gente respondió, en menor medida de lo que se podía esperar pero más que suficiente para que, un año más, el día del Rock sea el más numeroso de los conciertos no gratuitos o pseudogratuitos, si exceptuamos el de Joaquín Sabina.
Los conciertos fueron algo decepcionantes, Los Suaves contaron con un sonido lamentable, para nada digno de una banda con casi 30 años de trayectoria y más de una decena de discos. Fuera quien fuera el responsable fue un poco vergonzoso. Además, los de Ourense estuvieron bastante fríos y no conectaron con el público hasta el final del concierto, cuando empezaron a sonar los temas más conocidos. Es una lástima, porque Los Suaves habían recuperado la forma en los últimos dos años y ya será muy difícil
poder volver a verlos por Cantabria, pues que están presumiblemente en lo que será la última gira de su carrera.
Del concierto sólo se salvan los clásicos, "Preparados para el Rock&Roll", "Dulce castigo", "Si pudiera", "No puedo dejar el Rock" o "Dolores se llamaba Lola" son palabras mayores, grandes himnos del rock estatal que merecen mucho más de lo que pudimos ver en la Magdalena el otro día.
Mägo de Oz arrastró bastante más gente, pero lo cierto es que tampoco estuvieron muy finos, con un repertorio bastante aburrido, compuesto en su mayor parte por temas de su última etapa. El sonido fue bastante mejor que el de los gallegos, pero tampoco para tirar cohetes. El ambiente se levantó un poco con algunos clásicos, como "Molinos de viento" o "El que quiera entender que entienda", para cerrar con la archiconocida "Fiesta Pagana".
Respecto a la "animación" del concierto y la presentación de Rafa Basa mejor no hacemos muchos comentarios por respeto, sólo decir que fue la definición perfecta de lo que significa estar "fuera de lugar".
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